sábado, 16 de febrero de 2013

Carta abierta.

Te conozco desde hace 40 años. Siempre fuiste independiente, incluso en los juegos, y muy simpático y hábil en las relaciones sociales. También algo chuleta, quizá por esos genes de 'gato' que tenemos. Más de una vez tuve que separarte en alguna bronca en el recreo y en cierta ocasión, seguro que lo recuerdas, saliste corriendo tras el que te robó el cubo de rubik en la parada del autobús, a la salida del cole, a pesar de sacarte años y centímetros, y tuve que pararte cogiéndote del pescuezo. 

Siempre diferentes, siempre opuestos y discrepantes, nos ha mantenido unidos el lema del respeto. Siempre hemos respetado las decisiones del otro aún cuando no las entendamos. Fuiste el primero a quién confesé mi homosexualidad, hace ya media vida. Y en los tiempos más recientes, tiempos difíciles por cierto, nos hemos mantenido unidos en la toma de decisiones, no menos difíciles.



Hoy utilizo esta ventana para recordarte lo mucho que te quiero. Y decirte lo que quizá no te he sabido hacer saber de otro modo. 

Siento una gran admiración por tí. Fundamentalmente por tu espíritu luchador. Estudiaste tu carrera mientras trabajabas y diste el giro a tu vida laboral que deseabas darle. Tras muchas horas y meses y años de sacrificio. Y ante la mala fortuna, por llamarlo de algún modo, que llamó a tu puerta hace años, plantaste cara con valor y decisión. Eres un peleón. Y estoy seguro que siempre lo serás. 

Y todo ello me hace admirarte y sentirme orgulloso.

Y no hace falta decirlo, ya lo sé, pero necesito hacerlo. No sólo cuentas conmigo, como siempre, sino que seguiré apoyando tus decisiones.


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