miércoles, 12 de octubre de 2016

Benidorm

Todos los que me conocen saben mi tendencia a visitar una y otra vez ese monstruo arquitectónico y horror urbanístico, que intenta imitar un pequeño Nueva York a orillas del Mediterráneo. Y no dejaré de reconocer una y otra vez todos sus defectos, la locura que supone veranear allí, y que no corresponde precisamente con la idea del descanso que buscamos sobre todo quienes huimos de Madrid, sus atascos, su metro, sus distancias, sus multitudes. 

Pero adoro Benidorm. 

Por un lado porque objetivamente tiene algo. Algo que quién ha estado allí no sabe explicar racionalmente (porque no hay razonamiento válido para esto) pero reconoce. Tiene algo que mola. Por otro lado, vayas cuando vayas hace buen tiempo; una especie de microclima lo protege todo el año, convirtiendo la ciudad en un búnker climatológico. Y por último, es una ciudad con vida en noviembre, en febrero o en abril. No es el típico caso en que fuera de los tres meses de verano se queda vacío, inerte, como si un tsunami hubiese arrasado cuanto encuentra a su paso.

Pero yo tengo otro motivo. Los veraneos allí conforman, sin duda, el mejor recuerdo de mi infancia. Olores, sonidos, experiencias, diversión. Mi felicidad como niño está íntimamente unida a este caos a pies del mar llamado "Ven y duerme" (si puedes, habría que añadir). Gracias a mis padres (y a mis abuelos claro, que eran los propietarios del apartamento en la Playa de Levante), cada mes de junio comenzaba mi gran aventura. Porque así lo vivía año tras año.

El veintitantos de junio ya habíamos terminado los exámenes, y antes incluso de tener las notas, ya iniciábamos el viaje. Mi abuelo ya se encargaba de recogerlas. Nos levantábamos temprano, a las seis, para coger un taxi que nos llevase al aeropuerto. Para cualquier niño, coger un taxi no dejaba de ser algo similar a montar en el coche de su padre. Para mí era mucho más. Los coches me apasionaban, algo que no ha desaparecido en mí. Pero en mi casa no había coche, muy a mi pesar. Por eso coger un taxi para mí era de las pocas ocasiones que tenía de montar en uno. A cambio de no tener coche, papá trabajaba en Iberia, por lo que los viajes se hacían en avión. Sí, sí, mis neuras con los aviones vinieron de mayor. Hasta entonces yo disfrutaba muchísimo de mis viajes en avión.

Ese taxi nos dejaba con nuestro equipaje en Barajas, entonces mucho más pequeño, claro. Nada de T1, T2... dos terminales, Nacional e Internacional. Mi corazón latía emocionado en ese ambiente de aeropuerto. Esos altavoces anunciando las salidas, esos indicadores de los vuelos con su caracerístico sonido de las tabletas al correr... plac, plac, plac, plac... La gente con sus equipajes corriendo de arriba a abajo. Por fin el momento del embarque. Nos colocan los cinturones, el avión despega y las cabezas de mi hermano y mía, asomadas por la diminuta ventanilla para ver como todo se vuelve más y más pequeño hasta que sólo ves nubes. Se apagan las luces de los cinturones y las de ¡prohibido fumar!. Sí, se podía fumar en los aviones durante el vuelo. 

Llegábamos al aeropuerto de Alicante. Bofetada de calor. Buscábamos un taxi. Seguía mi aventura, seguía difrutando. Allí los taxis eran mejores que los de Madrid, y gracias a esos taxis de Alicante, pude montar en los nuevos modelos de la época, que marcaron un salto abismal en la historia de la automoción de este país: Los SEAT 132, que abundaban como taxis allá, y que marcaron ya un importante cambio, dieron paso a los Renault 9 y 18, los Citroen BX, los Supermirafiori 2500 D. Encima íbamos por autopista. Mi aventura no había hecho más que empezar.

Subíamos los cinco pisos sin ascensor ¡cinco! y llegábamos a casa por fín. A mamá la tocaba poner en orden la casa. Una casa cerrada desde el año anterior. Imagina. Las cosas normales: limpiar, deshacer equipajes, quitar ese olor a cerrado. Ese día se comía fuera y por la tarde a la compra. Ya estábamos instalados. 


Nuestros días eran todos muy parecidos. Nos levantaban y desayunábamos en la terraza. ¿Habéis visto Ratatouille? Haced memoria de la escena: El amargado crítico gastronómico, dispuesto a hundir en su columna el restaurante, prueba un bocado y súbitamente viaja a su niñez, perdiendo la noción del tiempo y del espacio. ¿Sí? Pues es lo que me ocurre a mí con el olor a pan tostado. Ese pan cortado en pequeñas rebanadas y tostado al fuego de gas en una pequeña carmelita. Ese olor a pan tostado, que untaría de mantequilla y mermelada (o miel), mi desayuno en Benidorm, en bañador, en la terraza del apartamento, es un aroma grabado a fuego que se irá conmigo al otro mundo. Cada vez que tuesto pan, evoco esta escena.

Después del desayuno, los deberes. Mi hermano y yo siempre aprobábamos todo, y con buenas notas normalmente, pero algún desgraciado inventó eso de los Cuadernos Santillana para el verano, y para que no perdiéramos costumbre, cada mañana había que hacer una horita de deberes. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Acabados los deberes por nuestra parte y las tareas domésticas por parte de mi madre, bajábamos a la playa. ¡Qué decir! Que niños no disfrutan en la playa. En aquellos tiempos en Benidorm había toldos y se podían alquilar por semanas. Así, todos los días teníamos el mismo, y mis padres dejaban amarradas las sillas de playa al toldo, para no tener que bajarlas y subirlas cada día. Dos sillas, claro, eso era para mayores. Jugar con la arena, baños interminables, un zumo a media mañana con una patatas fritas compradas en el kiosko de la señora que ya era casi nuestra amiga.



Cuando eramos muy pequeños, recuerdo que tras el último baño nos llebaban en brazos a las sillas de los mayores para que ya no nos llenásemos de arena, y en ellas nos secábamos al sol envueltos en las toallas. De vuelta al apartamento, nos quitábamos las sal y restos de arena en las duchas ubicadas detrás del edificio, junto al parking. A subir los cinco pisos y a comer. En la terraza, por supuesto. 

Después de comer, la eterna guerra, padres vs. hijos. Siesta vs. juego. No queríamos siesta, claro. Y mis padres sí, naturalmente. Después, siempre jugábamos a algo en la terraza, normalmente algún juego de cartas, hasta la hora del paseo. En ese paseo íbamos siempre directos a la cartelera de los cines de verano, que eran muchos. 




Hijos de un cinéfilo, una peli era el plan de muchas noches. Recuerdo comiendo ese bocata de tortilla francesa envuelto en papel aluminio, con una pipas de postre, sentados en aquellas sillas metálicas ancladas al suelo de tierra, mientras veíamos la peli en aquella pantalla gigantesca de hormigón.

Si no tocaba cine, tocaba otro paseo después de cenar, con un helado en Sirvent, la heladería estrella de Benidorm de aquellos tiempos, y que aún sobrevive al cabo de tantos años. El helado estrella era un cucurucho enorme que llamábamos el de 'veinte duros', del que Dani, mi hermano, era muy fan. Ese paseo marítimo de la Playa de Levante, ese centro del pueblo lleno de gente, su pequeño puerto, el Rincón de Loix, el 'Castillo', la Plaza Triangular, el Parque de Elche. Conformaban el escenario ideal de una obra de teatro especialmente escrita para mí. Mis vacaciones.


A mediados de julio llegaban los abuelos, y pasábamos con ellos la última semana de vacaciones, o diez días. Ellos comenzaban su verano y a nosotros nos tocaba volver a Madrid, y mis primos y mis tíos ocuparían nuestro lugar. La playa terminaba. Otro taxi de vuelta, otro avión. 


Estos veranos se repetían año tras año. También nos han pasado cosas regulares, claro. Anécdotas mil. Pero éramos niños. Hemos sido muy, muy afortunados de tener estas vacaciones en la playa desde que nacimos. Como comenzaba diciendo, estos veranos son la parte de mi infancia que representan la felicidad suprema.


Es cierto que esos veraneos serían igualmente felices en otro lugar, en otro pueblo, en otra costa. Los hicieron felices nuestros padres. Pero ocurrieron en Benidorm y no en otro sitio. 


Después tuve mis años de crisis en Benidorm. No quería ir. Fue en mi adolescencia. Pero en la adolescencia, esa etapa a menudo muy cabrona, te hace entrar en crisis con muchas cosas. Ya no quieres planes con los padres, allí no teníamos amigos y todo ese tipo de cosas. Pero la adolescencia pasó, y mi reconciliación con Benidorm llegó. Y es una relación que ha perdurado hasta hoy.


Podría contar muchas más cosas. Pero será en otra ocasión. Lo cierto es que uno de los mayores disgustos que me he llevado de adulto es haber sido testigo de la venta de ese apartamento. Recuerdo mi último viaje, mi despedida de aquel enorme apartamento que nos vio crecer. 


Los Apartamentos Cometa. Ahí siguen, y por allí paso cada vez que voy a Benidorm, porque sigo yendo, como si se tratase de la peregrinación a un santuario. 










jueves, 1 de septiembre de 2016

Un año ya!

Un año ya. Un año que hiciste las maletas. Que sacrificaste cuanto tenías para embarcarte en una travesía muy arriesgada, dejarlo todo para vivir conmigo.

Cuando hablamos de la idea de vivir juntos aposté sin dudar por ello, mi entorno sabe que es cierto. Bajo esa tímida mirada oculta tras esas gafitas de pasta, sabía que se escondía un tío de verdad, un aprendiz de hombre con más sinceridad y coraje que la mayoría de supuestos adultos con los que me he podido tropezar.

En este año has crecido mucho, pero yo también a tu lado. Los días grises dieron paso a cielos azules de sol y de ilusión. Me siento más joven y con más ganas que nunca y pretendo que así siga siendo por mucho, mucho tiempo. Todo el que estés dispuesto.

Así que seguiré, si tu quieres, creciendo y ayudándote a crecer. A ver cómo luchas por convertirte en ese artista que sueñas ser, a ser testigo de esa tremenda madurez que ya tienes, a seguir disfrutando de lo cariñoso y detallista que eres.

Permíteme seguir cogiendo tu cintura cuando me llevas en la moto, cocinar para los dos esa cena viendo una serie en la tele, ir de vez en cuando a ver un monólogo a la escalera de Jacob, escaparnos un fin de semana a ver el mar o soñar despiertos en hacer ese montón de cosas que tenemos pendientes, pero que haremos.

Gracias por irrumpir en mi vida, por ponerla patas arriba y por ser el vivo ejemplo de que el movimiento se demuestra andando. 

Y por traer a nuestro gatuno, claro, que me ha enseñado a querer a unos seres increíbles para mí totalmente desconocidos.

Quién no arriesga no gana. Que nos pregunten.

Te quiero peque.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Gracias.

Hace exactamente un año la famosa crisis (parece que es de la familia, la crisis) me llevó arrastrado a una situación laboral que hoy ha finalizado. Fui afortunado porque no me quedé en el paro, una posición que sin duda debe ser desesperante para quien la padece, pero he tenido que trabajar en algo que, sencillamente, detesto.

Y como tengo la costumbre de comer a diario, y si puedo, varias veces, la alternativa de no trabajar es algo que no contemplo si puedo evitarlo. Hoy ha sido mi último día en lo que ha sido un calvario para mí, y regreso a un tipo de trabajo más acorde con lo que he hecho todos estos años de currante. Ni mejor ni peor, simplemente me gusta más.

Pero en todos los trabajos que he tenido todos estos años, que han sido variopintos, siempre he podido extraer cosas positivas. Enseñanzas profesionales, otras vitales, experiencias nuevas. Pero sobre todo valoras esas personas que menos te esperas y que surgen como oasis en esos días en los que mandarías todo a hacer gárgaras.

Y aunque resulte extraño que de un trabajo surjan amistades, conservo de todos ellos, y en algunos casos, como si fueran mis hermanos. En este dificil año que hoy doy por concluído, ha sido mi morena la que ha conseguido que yo siguiera adelante. Ha aguantado mis bajos momentos, mis errores, mis despistes, mis bromas, mis chascarrillos y mis canciones a los Georgie Dann... hemos reido, suspirado, quejado, confiado.

Ha sabido sabiamente combinar la dirección de mi trabajo con la amistad, con cariño y paciencia. Y sobre todo, ha sido amiga dentro y fuera de recinto y horarios laborales. Y aunque ella odie esta expresión, que yo lo sé, es obvio que Gema ha hecho que mi vida este año haya sido mucho más fácil y llevadera, y no me es difícil imaginar como habría sido sin su presencia. 

Por tanto sólo me queda darte las gracias, y decirte que por supuesto aunque el trabajo lo aparco aquí, tu te vienes conmigo para siempre. Gracias, gracias y mil gracias.

sábado, 3 de mayo de 2014

Carta a mi amigo.

Sé que hoy es un día duro para tí. Sé que vienes de viaje con algún sueño roto y que crees dirigirte a un destino de dudosas expectativas. Sé que crees que el amor no llamará a tu puerta y que te sientes decepcionado tras infructuosos intentos.

Pero hoy no es más que un mal día, sólo eso. Y como decía un viejo gran amor, las cosas siempre pasan por algo. Y lo que hoy se esconde bajo la niebla es porque oculta un hermoso cielo azul que te depara experiencias, felicidad y por supuesto amor.

Eres listo, cariñoso y joven. Cualidades maravillosas para alguien hermoso, por dentro y por fuera. Así que lejos de mostrarte derrotado, mira hacia delante. Tus virtudes te acompañan, tienes planes de futuro y reaños de sobra para llevarlos a cabo. No necesitas más para ser feliz. Cuántos quisieran.

Así que céntrate en tus objetivos académicos y profesionales, que sé que lo harás, y lo demás irá llegando en su momento, ni antes ni después, exactamente cuando tenga que llegar. Así es como llegan las cosas importantes. El amor es algo que no avisa, que te invade y te sorprende. Quizá por parte de quien menos esperes y probablemente en el momento más inoportuno. Así funciona esto y tú no serás la excepción.

Así pues, tranquilo, ánimo y adelante. Y mientras tanto, sabes que estamos tus amigos para ofrecer un hombro y alguna que otra tortilla de patata.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Gracias.

Mañana mis compañeras y compañeros iniciamos una nueva etapa laboral, obligados por esta maldita crisis que todo azota y que no quiere terminar.
Hoy nos hemos dicho un hasta pronto, no un adiós, pues haremos seguro por vernos. Pero tristes, no tanto por lo que nos espera, que honestamente no es un cambio que nos apetezca a ninguno, sino porque  vamos a echarnos de menos.
Hemos compartido muchas y variadas situaciones: nervios presiones, indignación, pero también buen rollo, risas y sueños en voz alta. Hemos remado juntos casi siempre a contracorriente y a pesar de nuestras diferencias, que las hay como no puede ser de otro modo, nos hemos mantenido unidos.
Así que sí, os echaré de menos y confió en que el destino vuelva a reunirnos a todos. No necesito dar nombres, sabéis quienes sois. Y por cierto, aprovecho para agradeceros el cariño y respeto que siempre me habéis profesado.
Me llevo una saca de buenos recuerdos y sonrisas que nadie ha logrado empañar. Ni quienes se han empeñado en ello.
Por cierto, también quedan personas maravillosas que han demostrado ser estupendas y que aún con mejor suerte, han demostrado su apoyo y cariño. Y nada reconforta tanto como la buena gente.
Hasta siempre y buena suerte.

lunes, 8 de abril de 2013

Sangre nueva.

Decía John Lennon que la vida es aquello que te va pasando mientras te empeñas en hacer otros planes.

Absoluta verdad y yo no soy ajeno a ello. Pero mientras uno se va adaptando a lo que la vida te va reservando caprichosamente, y últimamente se muestra ciertamente maleducada y consentida, uno, decía, debe agarrarse a aquellos pocos pilares que aún quedan en pié para no caerse el suelo.

Estoy finalizando un periodo de vacaciones más que necesarias. Vitales diría yo para conseguir llegar al verano conservando la poca cordura que me queda. Aún queda mucho año y muchas las cosas que me deparan. Pero estas vacaciones no hubiesen sido las mismas sin mis amigos. 

Ellos siempre están cuando les necesito y saben que últimamente les necesito en demasía. Así que desde este pequeño balcón me asomo de nuevo para darles las gracias y decirles lo bien que me hacen sentir y me hacen disfrutar. Mis gorditos, mis sevillanos, mi galleguita, mis pamplonicas, mis vecinos (que siempre serán mis vecinos)...

Pero al carro de los queridos se han ido incorporando en los últimos tiempos personas maravillosas que me van acompañando en esta senda del aprendizaje que es la vida con su cariño, su sabiduría y su comprensión. Oscar, Borja, Iván, Rodney, David, Héctor. Por supuesto todos ellos girando en torno a nuestro gran Rubén, nuestro patriarca y el mejor embajador de la amistad de la buena que se pueda encontrar, capaz de impregnar cualquier situación de buenas vibraciones y alejar a los espíritus malignos perturbadores del 'karma'.

Pero me vaís a perdonar que en esta ocasión mencione con especial cariño a mi artista favorito, vasquito él, de Vitoria para más señas, sensible, que no sensiblero, culto, simpático y siempre atento, mi Héctor, todo un hallazgo en este mundo complejo de mentiras y egoismos, que en poco tiempo me ha demostrado lo que es la buena gente de los piés a la cabeza y viceversa y un Amigo leal en toda regla. 

Así que como se dice en la gran obra maestra 'Casablanca', 'Creo que este es el principio de una gran amistad.' Así lo deseo. Y estoy seguro que aunque nos empeñemos en hacer otros planes, la vida nos mantendrá unidos por muchos años.


lunes, 18 de marzo de 2013

¡Felicidades!

Muchas felicidades mamá. Ya 68, una edad respetable. Pero muy bien llevados y madre joven, que con tu edad tener dos hijos de 40 y 44 es para presumir, así que se puede decir aunque sea descortés.

Han cambiado mucho las cosas en estos tiempos, es verdad, pero a pesar de ello siempre habrá motivos para celebrar, para reunirse a comer y disfrutar de los amigos, esa parte fundamental y esencial que ayudan a que la vida sea un paseo maravilloso a pesar de todos los pesares, y a que sea menos empinado cuando de maravilloso no tiene nada.

Y ya sé, ya sé que te regaño mucho por un montón de cosas, pero los papeles tornan y el proteccionismo también. Supongo que eso es ley de vida. Así qué todo lo que me has regañado a mí durante años ahora me toca a mí. Aunque obviamente el cariño es siempre quién lo provoca y el temor de que pueda ocurrir algo malo a quienes queremos. Quizá los hijos nos volvemos un poco padres con los padres aunque los padres nunca dejéis de serlo con los hijos. Así son las cosas.

Hoy hemos disfrutado con Marisa, Mari Carmen y Jose y hemos aparcado los sinsabores en la medida de lo posible, convirtiendo la tristeza de las pérdidas en maravillosos recuerdos. Es una satisfacción y tranquilidad saber que estás rodeada de gente que te quiere y te cuida y está pendiente de tí. Y es un placer compartir con ellos los momentos importantes como el de hoy.

Tu obligación hoy es esforzarte por hacer que estos 365 días venideros sean lo mejor posible, disfrutando, riendo y compartiendo con ellos. Ya sé que a veces las circunstancias nos quitan las ganas, pero luchar es nuestro deber y a fín de cuentas, la buena disposición siempre ayudará más y dado que no podemos evitar lo inevitable, al menos afrontémoslo con el mejor de los ánimos.

Así que lo dicho, sé feliz y cuídate mucho.

Te quiero.