domingo, 28 de septiembre de 2014

Gracias.

Hace exactamente un año la famosa crisis (parece que es de la familia, la crisis) me llevó arrastrado a una situación laboral que hoy ha finalizado. Fui afortunado porque no me quedé en el paro, una posición que sin duda debe ser desesperante para quien la padece, pero he tenido que trabajar en algo que, sencillamente, detesto.

Y como tengo la costumbre de comer a diario, y si puedo, varias veces, la alternativa de no trabajar es algo que no contemplo si puedo evitarlo. Hoy ha sido mi último día en lo que ha sido un calvario para mí, y regreso a un tipo de trabajo más acorde con lo que he hecho todos estos años de currante. Ni mejor ni peor, simplemente me gusta más.

Pero en todos los trabajos que he tenido todos estos años, que han sido variopintos, siempre he podido extraer cosas positivas. Enseñanzas profesionales, otras vitales, experiencias nuevas. Pero sobre todo valoras esas personas que menos te esperas y que surgen como oasis en esos días en los que mandarías todo a hacer gárgaras.

Y aunque resulte extraño que de un trabajo surjan amistades, conservo de todos ellos, y en algunos casos, como si fueran mis hermanos. En este dificil año que hoy doy por concluído, ha sido mi morena la que ha conseguido que yo siguiera adelante. Ha aguantado mis bajos momentos, mis errores, mis despistes, mis bromas, mis chascarrillos y mis canciones a los Georgie Dann... hemos reido, suspirado, quejado, confiado.

Ha sabido sabiamente combinar la dirección de mi trabajo con la amistad, con cariño y paciencia. Y sobre todo, ha sido amiga dentro y fuera de recinto y horarios laborales. Y aunque ella odie esta expresión, que yo lo sé, es obvio que Gema ha hecho que mi vida este año haya sido mucho más fácil y llevadera, y no me es difícil imaginar como habría sido sin su presencia. 

Por tanto sólo me queda darte las gracias, y decirte que por supuesto aunque el trabajo lo aparco aquí, tu te vienes conmigo para siempre. Gracias, gracias y mil gracias.