Mañana mis compañeras y compañeros iniciamos una nueva etapa laboral, obligados por esta maldita crisis que todo azota y que no quiere terminar.
Hoy nos hemos dicho un hasta pronto, no un adiós, pues haremos seguro por vernos. Pero tristes, no tanto por lo que nos espera, que honestamente no es un cambio que nos apetezca a ninguno, sino porque vamos a echarnos de menos.
Hemos compartido muchas y variadas situaciones: nervios presiones, indignación, pero también buen rollo, risas y sueños en voz alta. Hemos remado juntos casi siempre a contracorriente y a pesar de nuestras diferencias, que las hay como no puede ser de otro modo, nos hemos mantenido unidos.
Así que sí, os echaré de menos y confió en que el destino vuelva a reunirnos a todos. No necesito dar nombres, sabéis quienes sois. Y por cierto, aprovecho para agradeceros el cariño y respeto que siempre me habéis profesado.
Me llevo una saca de buenos recuerdos y sonrisas que nadie ha logrado empañar. Ni quienes se han empeñado en ello.
Por cierto, también quedan personas maravillosas que han demostrado ser estupendas y que aún con mejor suerte, han demostrado su apoyo y cariño. Y nada reconforta tanto como la buena gente.
Hasta siempre y buena suerte.